Mi Texto Favorito de Nietzsche

“Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho – y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos – tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de nuevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visión, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra”.

No sé si por fuerzas indiscernibles del destino o simples casualidades de la vida, siempre acabo encontrando en la filosofía de Nietzsche un refugio para cada experiencia de mi vida, o casi. Hace un par de semanas, tras una serie de acontecimientos que podríamos determinar como “trágicos” en mi vida, de forma directa y afirmativa me encontré leyendo con gran sorpresa Fuera de clase de Marina Garcés al toparme con el título de uno de los artículos que componen el libro: Amistad de estrellas, título que comparte y se inspira en un fragmento con el mismo nombre de La gaya ciencia de Nietzsche, fragmento, que por cierto, es mi favorito de la filosofía nietzscheana. Sabiendo ya que me remito a lo que es una constante en mi vida, y en este blog, me centrare en lo que Garcés nos dice sobre este fragmento, y sobre lo que tras dos años de maduramiento he llegado a pensar sobre el mismo. Todos en algún momento de nuestra vida hemos perdido alguna relación, del tipo que sea, y todos hemos sufrido el dolor anterior y posterior a esta pérdida, sufrimos antes de que acontezca porque tememos y no dejamos de hacerlo cuando ya ha acontecido, o como dice Garcés “nos duele la perdida antes de habernos perdido y hacemos pagar el precio del sufrimiento incluso antes de haber sufrido” porque “toda relación afectiva nos condena a perder algo y a perdernos también un poco a nosotros mismos”, nos perdemos un poco pero también nos creamos un poco con fragmentos de otros, esta pérdida se inicia con toda relación, sufrimos por lo que estamos perdiendo y también sufriremos por lo que perderemos. Sin embargo, cuál es la esencia de toda relación sino el salirse de uno mismo y a veces, confundirse un poco con el otro para recrearse y llegar a ser otro que no se era y que, probablemente, en algún momento se deje de ser.

Nietzsche y Garcés nos invitan a celebrar la distancia cuando llega, a celebrar que algo que es dentro del seno de la vida humana posee la finitud de la que nos constituimos y que nos lleva a un final, del que tendríamos que aprender, en lugar de a lamentarnos, a celebrarlo por la virtud que lo marca en el seno de lo humano. Aprender a perder el resentimiento por lo que no fue, por lo que nos dolió o aquello que quisimos, aprender a apreciar la perdida en la plenitud de la experiencia que nos llena de algo, que si queremos, nos deja aprender sobre aquello de lo que estamos hechos. Aprender que aquel que era en nuestra vida y ya no es (en nuestra vida, pues es esto lo que nos causa dolor, que ya no sea en nuestra vida) deja tras de sí el rastro de lo que fue para que aprendamos que en la vida humana todo tiene un tiempo y que una vez acabado siempre hay tiempo para celebrar y recuerdo y el reencuentro. Aprender esto es perder el miedo
a la muerte y celebrar la vida.

ZOE

“Volvamos a los barcos: acoger con confianza, despedir con agradecimiento. Y siempre, siempre, celebrar el reencuentro”.

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Un comentario sobre “Mi Texto Favorito de Nietzsche

  1. Mikel dice:

    Yo también pienso que Nietzsche es un gran filósofo pero el mismo estaría espantado del seguimiento a su filosofía: ¿Nietzsche es tu fetiche? Pues “No quiero nietzscheanos!” Es su grito en Ecce homo. Aunque reconozco que suena bien….

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