Síntomas de un día nihilista

Algunas mañanas, es normal que sientas una punzada de dolor en el estómago, , justo en el momento en el que despiertas tu mirada y crees – no sabes, porque tu somnolencia no invita a más, que tienes que volver un día más a la realidad. De vez en cuando, por el contrario, encontrarás que los dolores comienzan en tu desvelo nocturno, no te preocupes, también son sencillos dolores existenciales sin necesidad real de una medicina prescrita. La plácida tranquilidad de la noche, que debería ser dulce y agradable para ti, agravará tus idas y venidas así como las volteretas que dará tu mente antes de reposar una idea oscura, compleja y desaparecida. Si no logras dormir en tus desvelos, intenta disfrutar de la montaña rusa en la que se van a convertir tus ideas y aprovecha cada viaje que des en esa incontrolable atracción de una duda con otra.

An intelligent woman facing an existential crisis...

La causa común de los dolores nihilistas que toman como su hogar tus horrores nocturnos es el arma más peligrosa que podemos encontrar en la lengua bífida que manejamos entre nosotros, el condicional perfecto. Los “habría podrido” y los “habría tenido” que, ávidos destroza sollozos, verbos locuaces y quiméricos, destrozaran tu record de horas de sueño hasta que tu único pensamiento sea el record de horas en las que puedes mantenerte despierto. Hay un pequeño número de personas que, al despertarse, sienten la angustia de un nuevo día y se preguntan a qué, cómo y cuándo tienen que vivir lo que ante ellas se cierne. La escuela filosófica de los estoicos tenían una actitud similar ante la vida, – similar, pero no idéntica – porque, ante la imperturbabilidad del vaivén diario ellos exprimían la idea del destino y se aferraban a ella como kamikazes, con el único objetivo de que esa esperanza en el destino fuera, sin más ni menos, merecedora. La tranquilidad inestimable, el no actuar o, en cambio, el saber a ciencia cierta el paso que hay que dar son algunas de las muchas pautas que seguían los filósofos estoicos. No actuaban confiados en el saber del destino o, en contraste, dejaban el resultado de cualquier acción que quisieran desarrollar al azar, a aquel destino azaroso que prometía llevarles – o dejarse llevar. El dolor en los estoicos era parte de su no sentir, parte de su afán por encontrar la falta de dolor.

Life and how to cope with it

Cada paso que das, sin embargo, no es suficiente para distraer los fantasmas que, ruidosos y haciéndose notar, te siguen a través de cada poro que en tu cuerpo transpira. “Debería sentirme solo,” – musitas para ti mismo mientras te exiges una respuesta a la pregunta de por qué tanto dolor en tu interior. – “en cambio,” – continúas con tu monólogo face to face con tus quimeras -“siento mi cabeza llena de todos, abarrotada, sin que los demás me dejen tiempo para pensar.” Intentas dejar en blanco tu mente, pero, sorpresa, no funciona. Y recuerdas tu despertar accidentado, horas antes de ese momento, e intentas adivinar qué razón te hizo salirte de la cama para afrontar un día que había acabado antes de despertar. No necesitas compañía, no necesitas calor. Necesitas que tus ideas paren y que cesen en su movimiento, casi a la velocidad del electrón, apuñalando poco a poco tus ganas de volverte a dormir y de empezar un nuevo día.

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