Vivimos contrariados: Siempre eligiendo entre dos.

En occidente nos pasamos la vida viviendo contrariados. Sí. Como lo lees. Vivimos entre la lucha de los contrarios. Que si blanco o negro. Que si eres de vino o eres de cerveza. O eres de Papa Noel o eres de los Reyes Magos. Eres racional o pasional… Lo finito no puede ser infinito y viceversa…el amor es lo contrario al odio… y al mismo tiempo se dice que están a un solo paso…  Y seguro que te vienen más ideas de contrarios a la cabeza…

¡Vaya suplicio este de tenernos todo el día “contrariados”! ¿Y Sabes por qué sucede esto? Pues vamos a hacer un viaje en el tiempo y explicarlo desde un punto de vista Nietzscheano y hablando de la antigua Grecia. Y como no, recurriendo a dos contrarios.

Para “el señor de los bigotes” existen dos impulsos: el dionisiaco y el apolíneo.

El impulso dionisiaco es la borrachera absoluta donde se pierde la determinación de la realidad. Desde la visión dionisiaca no hay orden ni determinación. Nada tiene un por qué. Esto supone una infracción de la causalidad, por lo que la materia fluye, se desmadeja. Se elimina la máscara del principio de causalidad (principio de razón), apareciendo ahora todo sin sentido. Lo subjetivo desaparece hasta olvidarse de sí mismo, mostrándose la naturaleza verdadera. Sólo este tipo de experiencias dionisiacas devuelve al hombre a lo que es, hay una reconciliación, es lo que permite una rasgadura del velo de maya.

En cambio el impulso apolíneo me encamina hacia la racionalización de los acontecimientos, a la conceptualización y la representación. Los conceptos se articulan a través del lenguaje y son metáforas de las experiencias. Este lenguaje que surge de lo apolíneo, nos aleja de lo real, pues el hombre se ha creado otro mundo, una máscara, con el lenguaje. El hombre que vive en el concepto es un hombre que ha olvidado su naturaleza. Pues vive en el mundo que nos presenta la filosofía platónica y esta nos muestra una idea de mundo totalmente inadecuada, sobre todo por creer en la racionalidad intrínseca de la realidad.

Podemos decir que en el proceso evolutivo del que formamos parte, se nos ha concedido ciertas características que nos diferencian de otros seres vivos. Entre ellas, un cerebro con unas capacidades más amplias que las de otros animales que nos permite crear y usar conceptos, transmitirlos y una memoria mucho más amplia. Todo esto ha permitido que nuestra adaptación al medio sea tan exhaustiva, aunque también nos haya alejado en gran medida de la naturaleza que nos procuró estas armas con las que abrirnos camino. El impulso apolíneo ha ido comiendo terreno cada vez más al dionisiaco, pues el hombre siente la necesidad de desarrollar sus capacidades de adaptación al medio llegando actualmente a la creación de la tecnología. Pero no solo de aparatos vive el hombre. La razón no solo nos procura la creación de inventos, sino que, como vimos, también nos permite la creación de conceptos. Estos conceptos nos adaptan al medio sociocultural en el que vivamos. Aunque para Nietzsche en realidad lo que hacen es procurarnos una máscara que nos impide ver la realidad.

Más allá de si es una máscara o es nuestra manera de adaptarnos al medio, en occidente hemos decidido que el mundo en el que vivimos la manera de verlo es desde la lucha de contrarios. Nuestra manera de ordenar y determinar lo que vemos es a partir de los contrarios. Uno cuando ordena una estantería llena de libros puede hacerlo a partir de muuuchos criterios… pero habrá que escoger uno para poder empezar a colocarlos. Pues bien, los occidentales escogimos que la manera de ordenar las cosas era a partir de los contrarios. Esta idea nace con los presocráticos, quienes ven un problema entre el movimiento, el conocimiento y el ser… no ven como relacionarlo. Total, que llega  la disputa entre Heráclito y Parménides… y luego Platón. Y nada, nos quedamos con que la lucha de contrarios es lo que mejor explica el mundo.

Y así estamos con todo. Que siempre tenemos que escoger entre dos opciones y olvidamos muchas veces de que siempre existen tres más. Escoger las dos, no escoger ninguna o buscar una tercera alternativa. Y eso hará que la constante contradicción a la que nos tienen acostumbrados, desaparezca.

Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje,

el lenguaje también puede corromper el pensamiento.

George Orwell 

Una recomendación: Sal de la contradicción. Busca alternativas.

Y recuerda: al final, los conceptos son eso, conceptos. Que lo que tienen que servir es para permitirnos estar en el mundo. Son nuestro método de adaptación. Y cuando veamos que ya no sirven: Recontruyámoslos, Readaptémonos.

 La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo.

Miguel de Unamuno

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Recuperar contraseña
Escribe tu email.
El sistema te enviará una nueva contraseña a tu email.