Un mundo de sorpresas

Morirás muchas veces, fracasarás muchas veces, perderás muchas veces. La época de creer que nuestra lógica limitada y esquemática es la gobernante de nuestras vidas ha acabado. Los racionalistas creían que el yo, con su razón, era el amo del mundo. Basta echarle un vistazo a la vida cotidiana para saber que esto no es cierto. La razón es sencilla: vivimos en un mundo donde todo y todos estamos conectados. ¿Y qué pasa cuando todo está conectado? ¡Pues que no tenemos control! Al no tenerlo cada decisión tiene un 50% de probabilidad de acabar en victoria o derrota, en éxito o en fracaso, en un buen día o en uno pésimo, y también en vida o muerte.  ¿Amarillismo? No, es simple conexión.

Aquí un mero ejemplo:

Al salir de casa un adolescente me roba la cartera. Mis planes del día se vienen abajo, tengo que hacer la denuncia, llegaré tarde al trabajo, no puedo sacar el documento que tenía pendiente, me han robado mi identificación. Me consigo a alguien en la calle, le paso mi molestia a esa persona. Le respondo de pésima manera, casi lo agredo. Esa persona comienza a tener un mal día, que se irá poniendo aun más negro a causa de su pareja (ha decidido ese mismo día romper la relación). En medio de su rabia  mezclada con depresión, toma una mala decisión de negocios en la reunión que tenía ese día en su empresa. El proyecto comienza a generar pérdidas al poco tiempo. Hay que hacer recortes significativos en algún lado. Los puestos de algunos empleados empiezan a verse comprometidos. Ninguno lo esperaba, no habían hecho nada para merecer esto, temen por la estabilidad económica de sus familias, ¡¿Qué ha pasado?! Respuesta: Conexión. Esa es la única lógica que nos rige. Este ejemplo tiene un mal final, pero la conexión también nos trae finales buenos. Para bien o para mal, la conexión nos pone siempre, frente a frente, con lo INESPERADO.

Estar conectados significa que el 50% de probabilidad que hay sobre el resultado de nuestras decisiones no se limita únicamente a nuestras vidas, sino que tiene impacto en la vida de los demás. La responsabilidad es de cara a la propia vida, y también de cara a la vida de los otros. Puede que yo no muera muchas veces, pero dos o tres círculos más allá de mí, puede que sí este salvando o condenando a alguien con la acción que desde aquí estoy haciendo, o dejando de hacer. Mi decisión está haciendo posible que lo inesperado entre dentro de su mundo. Así como la decisión de otro hace que lo inesperado entre dentro del mío.

Aunque nos guste el mundo del yo, existe la trascendencia y la alteridad. Esta realidad trascendente a uno mismo es, de hecho, la única realidad donde uno mismo vive.

 

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