Un Lenguaje de Utopía

¿Quién habla por mí? 

¿Soy yo la que hablo?

¿O hay algo que habla detrás de mis propias palabras?

Se dice que sólo en la mente de cada uno se es totalmente libre o, en su defecto, totalmente esclavo. En el universo de las ideas platónicas que bailan y pasean por nuestra mente, decimos que tenemos voluntad, que tenemos poder para decidir, para elegir entre diferentes opciones incluso para valorar, libremente, cual de esas ideas es merecedora de nuestra atención y cual no. Decimos que sólo en nuestro pensamiento somos capaces de las cosas más maravillosas y que, a través de la imaginación, es la única manera en la que el ser humano demuestra lo que es y lo que quiere ser sin pudor ni restricciones sociales que lo constriñan. El ser humano sobrevuela los límites de sí mismo a través de las ideas y de los conceptos y es capaz de llegar al otro lado del mundo única y simplemente a través de sus elucubraciones. Pero, ¿qué ocurre cuando a esas ideas, libres y sin cadenas, les ponemos las esposas propias del lenguaje?

¿Es el lenguaje definitorio y, por tanto, límite de nuestras ideas? ¿Es a través del lenguaje como conseguimos poner orden a lo infinito de lo que pensamos o no es más que un espejo en el que podemos dibujar todas y cada una de las ideas que aterrizan en nuestra cabeza? Sería difícil responder a todas esas preguntas, tendríamos que respondernos primero si aquello que reside en nuestra mente es finito o infinito o si, además, a través del lenguaje lo que buscamos es una representación de esa infitud o simplemente una herramienta con la que comunicarnos. Sin embargo, estos pequeños dilemas nos traen una pregunta mucho más conflictiva y que está cerca de poner en duda varias de las más fundamentales concesiones del ser humano. ¿Es el lenguaje capaz de controlar nuestras ideas? ¿Tiene el lenguaje que hablamos alguna posibilidad de maniatar y parasitar nuestras ideas dándoles forma y direcionándolas hacia un determinado modo de pensar?

Existen muchos ejemplos de una visión del mundo distorsionada por el lenguaje. Uno de los defensores más importantes de esta idea es el filósofo Quine quien llegó a afirmar que los colores podrían percibirse de diferente manera en tanto y en cuanto fueran definidos de diferente forma en el lenguaje; es decir, si nuestro lenguaje tuviera sólo las palabras rojo y amarillo, nunca veríamos el naranja. Es sólo en la adición de la palabra “naranja” cuando seríamos capaces de percibir ese color. ¿Es eso cierto? ¿Teniendo en cuenta conceptos de colores como “azul” y “verde” seríamos capaces de percibir el intermedio si un nombre o una palabra para definirlo?

Esta idea de los colores no es grave dado que solo atañe a una percepción subjetiva del color – mientras no tengamos que mirar un semáforo, todo irá bien. Pero, ¿qué ocurre cuando esas concesiones en lo relativo al lenguaje son dañinas en su aplicación a la sociedad? Un ejemplo de este lenguaje dañino sería un lenguaje que tiene implícito una clasificación de género, es decir, un lenguaje en el que se diferenciarían mujeres y hombres y a cada uno de ellos se les asignarían de manera social diferentes roles. Este fenómeno es real, ocurre en nuestro lenguaje: palabras como tenaz, vigoroso o fuerte tienen connotaciones masculinas mientras que palabras como suave, delicado o sensible son palabras en su mayoría aplicadas al sexo femenino. ¿Es el lenguaje modificando nuestra manera de ver el mundo? ¿Estamos nosotros, como seres humanos, a través del lenguaje, perpetuando una visión sexista de la realidad? ¿Hasta donde nos controla el lenguaje y hasta dónde somos nosotros los que lo controlamos?

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Esta entrada tiene un objetivo especial y es el de concienciarnos en la percepción de las distintas concesiones sobre los sistemas sociales de género y las consecuencias que estas concesiones tienen en nuestra sociedad. Por ello, hemos propuesto desde Filosofers junto con la filósofa Concha Roldán, directora del Instituto de Filosofía (CSIC), Esperanza Rodríguez, profesora de filosofía y presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía (REF).

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