Tus Notas son un Número, Tú No

Los últimos días de agosto, si hemos conseguido deshacernos de la euforia e interminable hiperactividad de los meses de veranos, suelen traer consigo la terrorífica sombra de un nuevo curso escolar a punto de comenzar y, por supuesto, a punto de hacernos sufrir como si fuera una novedosa y avant garde cámara de tortura. El año escolar, además, viene acompañado por ese cosquilleo en nuestro estómago casi olvidado de años anteriores que nos recuerda que estres, presión y ansiedad se convertirán, poco a poco, en nuestro pan de cada día.

En un sistema educativo férreamente establecido desde antes de la memoria del propio sistema administrativo de este país, los estudiantes seguimos trastabillando en una estructura didáctica que no corresponde a las necesidades intelectuales de una sociedad y una juventud que cambia a una velocidad vertiginosa. Este sistema basado en la enseñanza a toda costa de disciplinas científicas pero que discrimina las artes y las letras, además, etiqueta a cada estudiante a través de sus notas académicas, convirtiendo la ilusión y las ganas de aprender de miles de jóvenes en un código de barras de una excelencia académica cuyos criterios han establecido unos cuantos sin ton ni son. Nosotras hemos venido a decir “basta”.

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El valor de tus Notas no representa el Valor que tú tienes como Persona

Empieza un nuevo semestre, cuatrimestre, trimestre… ¡cualquiera que sea la partición del curso escolar que se le ha ocurrido a la institución en la que estudias para que tu experiencia académica sea aún más tortuosa! Con el comienzo del curso escolar, es indispensable recordar a todas y cada una de las personas inmersas en sus estudios que son importantes. Sí, tú, estudiante de lo que sea, tú eres importante. Eres importante para todas las personas que ven como un joven como tú ha decidido levantarse todos los días para estudiar y formarte no sólo como un profesional, sino también como un ser humano. Eres importante porque formas parte de esos individuos que van a ayudar a construir un futuro a partir de conocimientos e ideas que garantizarán un mundo cómodo, seguro y libre. Y, por todo esto, necesito que comprendas que tus notas no definen lo que vales como persona.

El valor numérico de tus valoraciones académicas no representan el valor que tú mismo tienes como persona. El sistema educativo actual no se da cuenta de la presión que sufren la mayoría de los estudiantes cuando un número en un papel es capaz de definir su ambiente familiar, su situación económica e incluso la dirección que su vida puede tomar. La sensación de que nuestro modo de vida es tan frágil que puede ser fácilmente desbancado por una simple nota académica hace que muchos jóvenes experimenten la universidad o el colegio como un momento estresante y sobrecogedor por encima de cualquier otra situación de su propia vida. Créeme, yo he sido una de esas. Por ello, quiero que recuerdes que tú vales, que tú eres suficiente, que tus notas no definen todo lo que vales o puedes hacer y que un examen no es más importante que tu vida, tus relaciones o que tu salud mental.

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Eres un artista, dueños de tus conocimientos

Los standards y criterios de evaluación de las universidades, institutos y colegios han quedado obsoletos con las necesidades y, sobre todo, virtudes de los jóvenes de la sociedad actual. Matemáticas, Lengua Castellana, Inglés, Conocimiento del Medio y Gimnasia dominan desde hace décadas los programas educativos de los colegios dejando a innumerables jóvenes pendientes de ser evaluados en disciplinas cuyo valor ha sido asignado de manera completamente arbitraria. ¿Quiere eso decir que deberíamos dejar de enseñar a sumar y restar en las aulas? ¿O que aprender sintaxis no es importante? No, el discurso de una pedagogía más inclusiva no es el de echar por tierra la importancia de ciertas asignaturas, sino equilibrarla a otras y en ofrecer al alumno una oferta educativa donde se sienta cómodo e involucrado. Porque sí, es el estudiante el que se tiene que sentir cómodo… y, sí, es el estudiante el que debe sentirse seguro y libre como alumno, como una flor a la que están ayudando a florecer… No como un cadete más en el batallón.

Música, Plástica, Historia del Arte, Filosofía… son todas esas disciplinas que han quedado relegadas a mínimos en los programas escolares que intentan “hacerles un hueco” pero que las presentan como asignaturas de segunda o, incluso, como asignaturas sin valor académico o de formación. ¿Qué ocurre con un alumno cuyas capacidades artísticas son absolutamente brillantes? ¿Tiene lógica que ese estudiante sea martirizado y señalado con el dedo con notas académicas que no reflejan su talento simplemente porque no es tan rápido a la hora de aprender a hacer ecuaciones de segundo grado? ¿Son los exámenes, las pruebas académicas basadas en el vómito de conocimiento cultural una vez cada cuanto, una forma real y certera de medir el conocimiento de los alumnos?

Amigo que vas a hacer Selectividad

Honestamente, ignoro si habrá Selectividad en 2018… Pero, una cosa tengo clara: algo parecido ocupará su lugar. Mismo perro, distinto collar, dirían. Como estudiantes, nos pasamos nuestros años como alumnos escuchando la máxima de nuestros profesores que nos recuerdan una y otra vez que “debemos estudiar para aprender y no para el examen” para que, al término de nuestra educación obligatoria, seamos evaluados acorde no de un examen, sino de la friolera de, mínimo, cinco exámenes en un máximo de tres días. Nuestro resultado en esas pruebas definirá nuestra carrera académica y nuestras probabilidades de entrar en la carrera universitaria u opción académica que habíamos elegido. Este es uno de los factores que hace que segundo de bachillerato sea uno de los cursos más vulnerables respecto a ansiedad y estrés en los estudiantes. Por ello, quería recordarte que tú no estás definido por una nota, que tu valor personal no se establece a través de cinco exámenes al final del curso académico.

Y, a ese estudiante cuya vocación era palpable y completamente evidente, que ha pasado noches en vela estudiando, tardes llorando de estrés y ansiedad y días inmersos entre libros para dar lo mejor de sí que, aun con todo, no ha conseguido el resultado que esperaba, quiero decirte que lo siento. Siento que el sistema de educación que has tenido que sufrir te haya tratado como un número, haya intentado decirte que no eras lo suficientemente bueno y que no valías para algo que considerabas tu vocación. Quiero decirte que siento la ansiedad y el estrés que el sistema educativo te ha causado, no sólo a ti, sino a tus más allegados. Pero, estamos a tiempo de cambiar esta situación y que los alumnos que están por venir sean tratados como individuos, como personas que se están formando para ser mejores personas, ciudadanos y sujetos que merecen un ambiente libre, seguro y cómodo para desenvolver sus años de formación.

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