Transhumanismo y el Futuro del Capitalismo: el próximo Significado de la Vida

Aunque no hay una sóla definición de “transhumanismo”, el término relaciona ampliamente la idea de que la especie humana debería transformarse radicalmente, al igual que lo hace su entorno físico, a través del uso de tecnologías avanzadas. Steve Fuller escribe sobre el enlace entre el transhumanismo y el capitalismo y elabora una teoría sobre lo que significaría ser persona en un mundo tal.

El capitalismo no es visto, de manera habitual, como una ideología “humanística”. Sin embargo, es entendido como elemento central de las innovaciones legislativas que hacen posible el desarrollo del capitalismo en Occidente, como una doctrina de la persona interpretada como un ser capaz y libre de intercambiar herramientas y servicios. En el siglo XVIII, esta libertad fue caracterizada como un “derecho inalienable”, es decir, no transferible a otros a través de elección o bajo fuerza.

Por tanto, se institucionalizó una fuerte distinción entre las personas y la propiedad que no había existido en las sociedades feudales o esclavistas. El eje de la crítica marxista al capitalismo nace de la observación de esta distinción que se considera como no plausible en la práctica. En cambio, un supuesto derecho inalienable de la persona se vuelve pretexto de explotación traducido en relaciones de poder asimétricas en el mercado que reducen la labor humana a herramientas inhumanas del capital.

El transhumanismo atraviesa el sentido ontológico que socialistas y capitalistas han compartido sobre la humanidad. En los últimos 150 años, el potencial de explotación ha sido mitigado por las leyes que circunscriben y regulan el papel del trabajo en la vida: mientras que uno debe vender su labor para poder conseguir una vida, el comprador no tiene control incondicional sobre la vida del vendedor.

Sin embargo, cualquiera que fuera el sentido del humanismo acogido por esas políticas ha sido gradualmente desdibujado por la información basada en el modo de producción que caracteriza lo que Jean-Francois Lyotard nombró originalmente como “la condición postmoderna”. En particular, como los ordenadores hacen de mediadores entre el trabajo y el ocio, muchos de los marcadores fenomenológicos que creaban distancia entre ambos mundos están desapareciendo rápidamente.

Un caso obvio en este punto es la idea de “trabajar desde casa”. Las personas que trabajan de esta manera alternan en sus pantallas páginas de trabajo y de ocio de una manera relativamente desestructurada. Mientras, toda esta actividad es registrada en sus proveedores de información – como por ejemplo, Google, Facebook o Amazon – que después analizan y consolidan esos datos para ofrecérselos a clientes de sectores públicos y privados.

¿Es esto explotación? La respuesta no es clara. Los proveedores de información ofrecen una plataforma libre al uso, dando la oportunidad a los usuarios de producir y consumir de manera indefinida. Por supuesto, estas plataformas son la fuente de intensa frustración y de infinita satisfacción para los usuarios, pero la fenomenología de estas experiencias no es necesariamente lo que uno espera de personas en estado de explotación. Por el contrario, existe una razón por la que pensar que las personas dan un gran valor a su proyección virtual.

El transhumanismo está fuertemente implicado en este cambio de concepción sobre lo que significa ser persona. Mi sentido propio de ser persona puede estar ligado a la necesidad de comenzar una vida como Homo sapiens en un tiempo y un lugar determinado. Pero esta es una convención narrativa relativamente moderna, lo que está, a su vez, unido con lo que John Locke denominó como sentido forense de la persona. Por supuesto, existe una manera para extender esta noción y transferir sus poderes. Por tanto, la historia moderna ha sido testigo de una expansión en lo referente a la ley corporativa y a la ley que recibimos a través de nuestra herencia narrativa. El transhumanismo adopta el proceso de extender y transferir los poderes de una persona a un nuevo nivel.

Por un lado, en el caso de extensión, la persona debe incorporar geneticamente o prosteticamente el intento de conferir nuevos poderes en el individuo original. Por otro lado, en el caso de transferencia, la persona debe hacer más que simplemente inclinarse hacia pretextos de existencia individuales e institucionales. La persona debe invertir energía para apoyar esas “segundas vidas”. con el efecto de crear diversos yo en la plataforma virtual y que estos tengan un significado.

El estado de humanidad en tal estado de capitalismo transhumanizado – capitalismo 2.0 – es un estado de libertad morfológica, como dicen los transhumanistas: es la libertad no sólo de hacer lo que uno quiere, sino también de ser lo que uno quiere. Este sentido de libertad viola la asunción metafísica clave compartida por los liberales y socialistas que considera a todos los seres humanos como iguales, no en el sentido de que todos los seres humanos son naturalmente iguales, sino que todos son cómputos de relaciones que conforma una harmoniosa división de la labor en la sociedad. La violación de esta idea implica que cualquier problema de justicia social relacionado con la inequalidad material emerge  sobre la historia del capitalismo y son amplificadas por el transhumanismo.

Este artículo es una traducción del artículo original
"Transhumanism and the future of capitalism: The next
meaning of life" escrito por Steve Fuller para EUROPP.
Puedes curiosear el artículo original aquí.

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