Split y las Identidades de Locke

No hay límites en lo que podemos ser. 

¡Este fin de semana Filosofers ha ido al cine! No podíamos esperar más y la fiebre de los Oscars nos ha invadido. El cine es una de las maneras que el Ser Humano utiliza para expresar sus pensamientos, sus ideas, conceptos y, sobre todo, para expresarse a sí mismo. El género cinematográfico, además, a diferencia de otros estilos de arte, debe ser actual y contemporáneo. El cine está ligado de manera excepcional a la actualidad y la realidad del momento. Una película no es entendida si no es en un contexto actual, si no es de manera ligada a la vida que refleja y representa. A través de una película, podemos no sólo comprender la realidad en la que esta película se basa y evoluciona, sino que llegamos a enterder la realidad que quiere transmitir. Encontramos aquí, por tanto, ese salto odiado del deber al ser, un salto hacia lo que queremos que aquellos que vean las películas recuerden de aquí a unos milenios – lo sé, estoy siendo optimista.

Kripke propuso en su libro Naming and Necessity la idea de que la propiedad de la identidad entre mundo era factible. Es decir, que, partiendo de la idea de la modalidad y de la existencia de mundos posibles, era posible comparar dos sujetos de diferentes mundos gracias a sus propiedades y que, de esa manera, sería posible identificar dos sujetos idénticos al margen de que estos sean homólogos o no. La manera en la que Kripke explicó y expuso la relación de identidad de un objecto consigo mismo, por el contrario, no es, para nada intuitiva. La relación que una persona tiene consigo misma para ser considerada la misma persona se basaría, de acuerdo con la idea de Kripke, en rigid designers o designadores (?) rígidos, aquellas propiedades que se deben dar de manera inequívoca en la persona para ser considerada como una persona en particular. ¿En qué consisten esas propiedades que es ser humano debe tener? ¿Por qué nos centramos en unas propiedades y no otras para definir lo que la identidad es para nosotros? ¿Es esta definición de identidad correspondiente a nuestra intuición o es una idea abstracta en la que debemos llevar nuestro pensamiento más lejos de lo habitual?

Obviamente, Kripke no fue el primero en hablar de identidad: la identidad o la relación de semejanza con uno mismo ha sido un tema recurrente en la historia de la Filosofía. Bien es cierto, en contraste, que no fue hasta Frege – con reminiscencias de Leibniz, por supuesto, – que empezó a considerarse la identidad lógica como un tema a tratar o como un tema conflictivo. La identidad del Ser Humano se había considerado hasta entonces como un fenómeno psicológico y uno de lo análisis más exhaustivos en lo referente a ser persona o lo que significa ser una persona en particular se encuentra en el filósofo John Locke. Pero, antes de comenzar su teoría, podríamos plantearnos a nosotros mismos la pregunta: ¿qué consideramos que es una persona? ¿En qué nos basamos para decir que una persona es ella misma y no otra? ¿Por qué confiamos – como diría Hume – que una persona sigue siendo la misma un día tras otro?

Split – de nuevo, NO SPOILERS, tranquilos, no os vamos a desmenuzar la película y podréis disfrutar de ella en el cine sin problemas – nos cuenta la historia de un hombre con un síndrome de personalidad múltiple, un hombre que aloja en sí mismo 23 diferentes personalidades, 23 identidades diferentes. Esas identidades son tremendamente diferentes las unas de las otras y, además, son independientes y autónomas de manera que funcionan sin tener ningún efecto la una sobre la otra y sin la posibilidad de que más de una identidad pueda acceder a la persona y a su capacidad motora. ¿Estamos hablando de una persona o, sin embargo, de 23 personas totalmente diferentes? ¿Qué relación encontramos entre las diferentes identidades que un mismo cuerpo acoge y por qué diríamos que “sobran” esas identidades? ¿Está la multiplicidad de identidades forzosamente ligada a trastornos de la personalidad o es, por el contrario, un estigma más en el lenguaje médico moderno?

 

A través de la Filosofía de Locke podemos responder a alguna de las preguntas que aquí planteamos: Locke contempla la identidad como una relación fuertemente atada a nuestra memoria. Memorias distintas, de esta manera, representan personas distintas. Una persona se define a través de sus recuerdos y a través de las memorias que ayudan a construir y a contar la narración de su vida. Son os conceptos a través de los que construimos una vida – nuestra vida – los que nos definen y nos haría ser la persona que somos. ¿Qué tipo de problemas nos trae esta concepción de la identidad si la aplicamos a las distintas versiones de la misma persona que nos ofrece la película Split? Locke lo tendría claro: no serían versiones diferentes de la misma persona, sino 23 personas totalmente diferentes dado que no tendrían la misma memoria común.

¿Es suficiente tener el mismo cuerpo para inferir que estamos ante la misma persona? ¿Diríamos que Kripke es el mismo Kripke en un mundo donde Kripke no tuviera más propiedades iguales al Kripke del mundo actual? Vemos, por lo tanto, que la idea de identidad se vuelve un concepto frágil a merced de nuestra mente filosófica que intenta criticarlo.

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Recuperar contraseña
Escribe tu email.
El sistema te enviará una nueva contraseña a tu email.