Simone de Beauvoir sobre Arte, Ciencia, Libertad, Negocios y sobre por qué la Felicidad es nuestra Obligación Moral

“El ahorro del tiempo y la conquista del ocio no tienen sentido si no nos sentimos emocionados con la risa de un niño al jugar”

En su incisiva curiosidad acerca de la inteligencia de las emociones, la filósofa Martha Nussbaum escribe: “En vez de ver la moralidad como un sistema de principios que deben ser atrapados por un intelecto por defecto y las emociones como motivaciones que bien sostienen o supeditan nuestra decisión de actuar acorde con un principio, debemos considerar las emociones como parte y sección de un sistema de razonamiento ético.” Pero el sistema moral mismo – lo que se comprende en un sentido filosófico, cómo se nos anima a actuar en términos prácticos, qué se espera de nuestras acciones diarias – queda relegado como una de las mayores ambigüedades entre los seres humanos.

Esos elementos de la maquinaria moral son aquellos que la filósofa existencialista y feminista francesa Simone de Beauvoir examina en La Ética de la ambigüedad  – originalmente publicada como Pour une morale de l’ambigûité -, un cambio de paradigma que De Beauvoir nos ofrece sobre la vitalidad, la magnitud de la inteligencia y el significado de la libertad.

Para atrapar la concepción de la moralidad, De Beauvoir acude al arte y a la ciencia:

El arte y la ciencia no establecen, por sí mismos, a pesar del fracaso, sino a través del fracaso; lo que no previene de haber verdades y errores, obras maestras y limones, dependiendo de si un descubrimiento [científico] o un cuadro han sabido o no ganar la adherencia a la conciencia humana; esto nos lleva a decir que el fracaso, siempre ineluctable, es, en algunos casos, esparcido y, en otros, no.

Por esta razón, De Beauvoir sugiere, éxito y fracaso no guardan ninguna equivalencia con lo correcto y lo incorrecto. Si queremos buscar un entendimiento de la moral, la equivalencia debe ser buscada no en el resultado del arte y la ciencia, sino en sus métodos. Ella escribe:

¿Qué acción es buena? ¿Qué acción es mala? Para preguntar tales cuestiones es necesario caer en una abstracción naïf. No preguntamos a un físico “¿Qué hipótesis son verdaderas?”. Ni al artista “¿A través de qué procedimientos produce uno obras cuya belleza está garantizada?”. La ética no nos provee de recetas. Uno sólo puede proponer métodos. Por ello, en la ciencia, el problema fundamental es hacer una idea adecuada a su contenido y una ley adecuada a los hechos; el lógico encuentra que, en un mundo donde la presión de los hechos dados combuste el concepto que sirve para comprenderla, uno esta obligado a inventar otro concepto; pero él [el lógico] no puede definir a priori el momento de la invención, ni mucho menos proveerla. Análogamente, uno puede decir que en el mundo donde el contenido de las acciones falsifica su significado, uno debe modificar no sólo su significado, que es absolutamente voluntario, sino el contenido mismo; sin embargo, es imposible determinar esta relación entre el significado y el contenido de manera abstracta y universal: tiene que ser prueba y error en cada caso. Pero, de la misma manera que un físico encuentra beneficioso reflexionar sobre las condiciones de una invención científica y un artista en aquellas [condiciones] de una creación artística sin esperar ninguna solución de estas reflexiones, es util para el ser humano de acción busca bajo qué condiciones sus proyectos son válidos.

En un sentimiento que trae a la mente la insistencia de su compatriota Albert Camus sobre la consideración de la felicidad como obligación moral, De Beauvoir considera la ética de la felicidad como el núcleo de la felicidad:

No debe ser olvidado que si hay un lazo concreto entre la libertad y la existencia; querer al ser humano libre… es querer la apertura del ser en la alegría de la existencia; para que la idea de liberación tenga un significado concreto, la alegría de la existencia tiene que ser concebida por cada uno, en todo instante; el movimiento hacia la libertad asume su figura real, fresca y sanguinolenta en el mundo haciéndose presente en el placer, en la felicidad.

Haciéndonos eco de la precisa y cada vez más temporalmente retórica pregunta que Bertrand Russell propuso dos décadas antes – “¿Cuál sería el bien de conquistar el ocio y la salud, si nadie recuerda cómo usarlos?” -, de Beauvoir añade:

Si la satisfacción de un anciano bebiendo un vaso de vino no cuenta para nada, entonces la producción y la riqueza no son más que mitos; sólo tienen significado si son capaces de ser requeridos en individual y en regocijo vivo. El ahorro del tiempo y la conquista del ocio no tienen sentido si no nos emociona la risa de un niño al jugar.

La Ética de la Ambigüedad es considerada como un clásico cultural de retrospectiva atemporal a la experiencia humana.

Este artículo es una traducción del ensayo "Simone de 
Beuavoir on Art, Science, Freedom, Busyness, and Why
Happiness Is Our Moral Obligation" por Maria Popova
publicado en la web Brain Pickings. Podéis encontrar
el artículo original aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Recuperar contraseña
Escribe tu email.
El sistema te enviará una nueva contraseña a tu email.