¿Y si (no) nos quedara tiempo?

Me estoy ahogando
Siento como mi alma no respira
Como un cuervo sobrevuela la mañana
Y me despierta, ahogándome

Tic, tac. Cada segundo resuena en nuestros relojes casi a la misma velocidad a la que, en otro punto inhóspito del mundo, un día se desvanece entre las manos de aquellos que querían seguir siendo. Tic tac. Las agujas apuñalan nuestro tiempo cada vez que se mueven, lo desafían y se desafían a sí mismas intentando que la cuchillada nunca sea menos que certera, siempre dando en la diana, siempre cortando el hilo aquél de las Moiras. Siempre en el blanco, siempre en el tiempo.

El tiempo nos sobrevive, nos sobrevuela, nos deshilacha y deshace. Como marionetas de trapo nos vemos jugados, articulados al antojo de los vaivenes del minutero. En un tête à tête continuo con el tiempo, el que vive el segundo se convierte en un equilibrista de un cable que se supone suficiente como para llevarlo al otro lado de lo atemporal e inexistente; o quizás en un inconsciente, tanto como para dejarse llevar por una noria cíclica que jamás volverá a llevarlo al punto de partida. Cara al tiempo, es el único fenómeno que nunca da segundas oportunidades y es, exactamente, el segundo aquel que nos las quita. Tic, tac. Nunca más.

Agustín de Hipona fue uno de los filósofos más importantes en la expresión de la concepción del tiempo. Agustín concluyó que el tiempo era simplemente una magnitud sólo dentro de aquel que lo imagina. Pasado, presente y futuro eran lujos que sólo el ser humano podía permitirse. O en los que debía reconfortarse. El pasado era constituido por los recuerdos, el presente por las sensaciones y el futuro por aquellas engañosas esperanzas. El tiempo. La concepción del tiempo era característica inequívoca de Nietzsche y, sobre todo, la idea de una eternidad recíproca al ser humano. La concepción del eterno retorno constituyó, por parte de Nietzsche, una brecha en el entendimiento de cómo los días, las horas, los segundos pasan, irrecuperables y ajenos a nosotros sin darnos una salida hacia el pasado. Lo que queda atrás queda olvidado. A Heráclito el tiempo le hacía llorar; un tiempo inestable, un tiempo inerte y que no reconocía a sus propios habitantes, lujurioso en su velocidad y ocioso en el cambio, sin parar, sin dejarnos escapar. Con destreza milimétrica, el tiempo abandonaba al más rápido de los velocistas y aquél vividor del momento se quedaba obsoleto, oculto en el pasado. Sin embargo, si bien Nietzsche admiró aquellas ideas provenientes de los filósofos presocráticos, el tiempo necesitaba algo de esperanza, o, si acaso, una perpetuidad en el infierno terrestre que el ser humano había ido construyendo. El tiempo como eterno retorno, como noria que siempre nos lleva al mismo punto, como rueda interminable e infinita que repite los errores de cada uno de nosotros una y otra vez sin poder redimirlos, sin poder cambiar un radio de esa rueda, dejando que el tiempo fluya, huya y vuelva hasta nosotros. Y, entonces, ¿qué pasa si tenemos tiempo?

Esta visión del eterno retorno del tiempo, una visión del tiempo como ciclo y no como una línea recta, se representa en la serie de SyFy 12 Monkeys. 12 Monkeys es una serie centrada en los viajes en el tiempo para representar un tiempo cíclico y recurrente, un eterno retorno al punto de partida, pero  a un punto de partida diferente. Entre el reparto de la serie, encontramos a Barbara Sukowa actriz que interpreta a Hannah Arendt en la película homónima dirigida por Margarethe Von Trotta.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Recuperar contraseña
Escribe tu email.
El sistema te enviará una nueva contraseña a tu email.