Marie Curie quiso ser Humana; quiso ser Naturaleza

Todos los hombres desean por naturaleza saber. Así lo indica el amor a los sentidos; pues, al margen de su utilidad, son amados a causa de sí mismos […] – Aristóteles (Metafísica; Libro I, Capítulo I)

El Ser Humano desea saber: conocer. El Ser Humano quiere conocer el mundo que lo rodea y que intenta hacer al Ser Humano partícipe de sí mismo. La Filosofía nace y crece a través de la necesidad de aquellos seres que nosotros denominamos humanos por querer desmenuzar y extirpar cada ápice de significado que podemos encontrar en la Naturaleza en la que creemos vivir. Sócrates decía – dicen que decía – que el primer paso para la Filosofía es el de la curiosidad: es necesario sorprenderse y especular acerca de la realidad para poder empezar a filosofar sobre la misma. El Bien y el Mal, la Política, la Ética y la Estética… pocas son las excusas que los filósofos griegos encontraban para sorprenderse – y, de hecho, lo hacían, se sorprendían, A cada paso que daban, los filósofos de la Antigua Grecia encontraban una razón para empujar su curiosidad y conseguir saber – lo que para algunos era, de manera absoluta, El Saber.

Y, es que la Filosofía es sabia, pero más sabia es la vida – o eso dicen, a mí no me preguntéis, no he vivido tanta como para corroborarlo; y la vida dice que la curiosidad, por mucho que despierte a la Filosofía, mata al gato. ¿Por qué será que, aunque todo Ser Humano quiera conocer, es el Filósofo el que decide encomendarse a lo imposible y comenzar un viaje hacia el vacío de lo indomable? ¿Quién es el Filósofo para creerse capaz de conocer, capaz de adquirir conocimiento? ¿Por qué el Filósofo?

Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos. – Marie Curie

Sócrates y Platón compartían una característica inocente, una creencia naïf sobre el Ser Humano: pensaban que el Ser Humano quería el progreso de sí mismo, que el Ser Humano no se atacaría sin dilación y que, entre dos opciones, siempre elegiría aquella que le fuera más beneficiosa. Sin embargo, las personas deciden por sí mismas y, en muchas ocasiones, toman decisiones de manera totalmente consciente y voluntaria y decide seguir un camino que no les reporta ningún beneficio o que, incluso, pueden hacerles objetivo de mucho sufrimiento. ¿Por qué decide el Ser Humano ir en contra de su propio bienestar? ¿Por qué queremos lo que nos daña? ¿Es el conocimiento – la sed de saber- uno de esos objetivos que nos dañan y que nos hacen vulnerables?

La vida no es fácil, para ninguno de nosotros. Pero… ¡qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo. – Marie Curie

Pero, ¿en qué sentido el conocimiento podría ser dañino? Marie Curies es un buen ejemple de cómo el conocimiento puede, en muchas ocasiones, ser desconocido e incluso perjudicial para aquellos que lo buscan. Marie Solomea Sklodowska-Curie nació en Varsovia en 1867. Curie fue una buena estudiante. Viajó a París debido a la imposibilidad de las mujeres en Polonia para poder cursar estudios universitarios. Curie terminó los estudios de física siendo primera de su promoción e inmediatamente se centró en la investigación. Se casó con el físico Pierre Curie quién dejó su línea de trabajo para colaborar con Marie. Sus investigaciones culminaron con el descubrimiento de dos nuevos elementos: polonio y radio. El matrimonio obtuvo el Nobel en Física en 1903. Marie Curie fue la primera mujer que impartió clases en la universidad al ocupar la cátedra que Pierre dejó vacante al morir. También fue la primera persona en obtener dos premios Nobel en dos especialidades diferentes: el segundo fue en Química en 1911.

Curie murió en 1934 debido a la radiación acumulada durante las investigaciones. Si bien Curie era asombrosamente consciente de los efectos perjudiciales que los dos elementos que había descubierto podían tener en la Naturaleza y en su entorno, nunca pensó que dichos elementos pudieran resultar dañinos para el Ser Humano. La curiosidad volvió a Curie vulnerable ante la Naturaleza déspota e intransigible que, sin delicadeza, decidió atravesar la vida de Curie de la misma manera que atravesó la de su marido. Pero, ¿qué esperamos de una Naturaleza insaciable que nos deja morir como mueren los cisnes, hundiéndose en el agua, para nadar hacia el final de sus vidas?

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