Los Otros

 En El Segundo Sexo Simone de Beauvoir dice: “La mujer se determina y se diferencia con relación al hombre, y no éste con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro”. Históricamente lo que ha sido llamado “mujer” no se ha pensado en sí mismo, sino siempre “en relación a…”, siendo esta relación negativa, deficiente, limitante.

Hoy en día, no estamos tan libres de este pensamiento relacional. La relación que antes se presentaba en términos de inferioridad y deficiencia, el actual feminismo de calle la ha transformado en una relación de superioridad. Se han creado competencias genéricas absurdas, como si el “yo soy más (independiente, competente, inteligente, etc.)” fuera la solución. Al final, esta forma de feminismo también está olvidándose de lo esencial, y haciendo de la mujer un nuevo OTRO, con etiquetas más positivas (es verdad), pero un otro a final de cuentas.

Frente a esa forma contemporánea y callejera de feminismo, encontramos el feminismo histórico, aquél que Simone de Beauvoir también reclama, cuando dice “no se nace mujer”. Se trata del feminismo que habla de IGUALDAD (no de quien puede más). Más allá de las luchas sociales por la igualdad de educación, el derecho al voto, una misma paga de sueldos y salarios, e igualdad de oportunidades, lo que todas esas manifestaciones han exigido es el reconocimiento de la condición humana que nos iguala a todos. Mujeres, negros, homosexuales, judíos, musulmanes, inmigrantes, refugiados, pobres… la base de todas las luchas siempre ha sido la misma. Se trata de decir: ¡Hey! no me etiquetes, no me problematices, no hagas de mí lo que no soy, basándote en lo que ves en mí de distinto. Recuerda que al nacer, todos fuimos igualmente humanos, indefensos, llorones, dormilones. Recuerda que al morir, todos apestaremos, nos pudriremos, y nos descompondremos por igual. No hagas del intermedio una división  irreal. Nací como ser humano, antes de que cualquier palabra pudiera etiquetarme.

¡Cuántas veces nos olvidamos de ese origen, y de ese último respiro que nuevamente nos igualará! Mientras tanto, vivimos fabricando y diseñando, haciendo de los demás un “otro”. Ese otro que nunca será, lo que yo digo ser.

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