Leyes Naturales

Una de las cosas que uno aprende estudiando filosofía es que muchas veces los seres humanos vamos por un lado, mientras las leyes que rigen la naturaleza, el Universo, nuestra vida biológica van por otro.

Hoy en día, está de moda el budismo con su enseñanza sobre la no-permanencia, así como la ayuda motivacional con sus frases cliché del tipo: “no controles”, “deja ir”, “todo fluye”, “abraza los cambios”. Cuando pasamos esa capa cliché, y vemos el por qué de este boom social, ¿qué nos encontramos? Pues, nada más y nada menos, que con esa necesidad que tenemos los seres humanos de crearnos órdenes distintos a los ya existentes, sin saber luego qué hacer con ellos. Es decir, nos hemos metido tanto en la cabeza que podíamos controlar el mundo, que la vida era una línea recta de progreso, que la realidad sistemática y esquemática, que descuidamos lo más obvio: el ritmo biológico, natural, de la vida y del mundo que habitamos. La naturaleza habla, pero no la entendemos.

¿Acaso no nos construimos la permanencia para desafiar el ritmo de lo cíclico, donde todo comienza y acaba? ¿Cómo aceptar que somos parte de una naturaleza, donde cada ser tiene un propósito en referencia a otro, y no en referencia a sí mismo? Escuchar a la naturaleza supondría apagar el yo egocéntrico, ombligo del mundo, amo de todo, ¿o es que no nos hemos dado cuenta que en la naturaleza no hay quien mande, que cada ser tiene su puesto?

El orden de la naturaleza es complicado, casi nos parece anti-humano. Mejor construirnos nuestros órdenes artificiales, más controlables, más manipulables.

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