La Oreja de Van Gogh y las sombras Platónicas

La silueta que el sol dibujó

.                               trajo un vacío de sombras

La silueta que el sol dibujó

.                                nos descubrió tantas cosas

.                                                       Viejo Cuento

.                                                                                                    La Oreja de Van Gogh

La idea de ser profesora de Filosofía recorre la columna vertebral de muchos estudiantes de Filosofía como un escalofrío delirante. La mera idea de ofrecerse a la docencia de una materia como la filosofía no es para muchos sino un destino tan poco atractivo como una mala traducción de la crítica de la Razón Pura. Sin embargo, algún que otro delirio nos ha llevado a algunos de nosotros – entre ellos a mí, Filosofers detrás de estas letras virtuales – a soñar y divagar con una clase de Filosofía perfecta, con una docencia utópica de la madre de todas las ciencias y, en mi sueño de Filosofía, siempre aparece la misma historia: el primer día, mi clase recibiría a la República de Platón, Libro VII – ¿ya sabéis de lo que os hablo?

En efecto, el Mito – o la Alegoría – de la Caverna, parte imprescindible de la Filosofía platónica, sería el primer paseo filosófico que recibirían mis alumnos. Pero, ¿qué es eso de la alegoría platónica de la Caverna? Platón presentó en su libro La República una de las metáforas más recurrentes y utilizadas en la Historia de la Filosofía y ésta podría considerarse como origen de muchas posiciones filosóficas que han predominado en el pensamiento de la modernidad y post-modernidad, además de influenciar la ontología y epistemología de muchas corrientes científicas – así como religiosas, o eso decía Nietzsche, al menos.  La Alegoría de la Caverna constituye un relato metafórico que ilustra la epistemología – del griego ἐπιστήμη epistḗmē, “conocimiento”, y λόγος lógos, “estudio” – y la ontología – el griego οντος ‘del ente’, genitivo del participio del verbo εἰμί “ser, estar”; y λóγος “estudio” –  que Platón creía necesario explorar para la construcción y desarrollo de una polis estable. Esta teoría del ser y del conocimiento que Platón propone en su Alegoría supuso un cambio total en la forma de interpretar y enfrentar la realidad que nos rodea.

El planteamiento de ambos ámbitos del saber son, para Platón, dualistas – muchos filósofos, por el contrario, discreparán con esta afirmación adjudicando a Platón una exposición de una Filosofía de tres niveles en vez de una basada en el binarismo de la doxa y la episteme. El dualismo platónico afecta no sólo a su epistemología, sino también a su ontología que van, siguiendo sus palabras en la República, especialmente unidas. Platón distingue dos niveles diferentes en el ámbito del ser, de la existencia: las sombras y los objectos del mundo real. En cuanto a lo que nosotros como seres humanos podemos conocer, Platón dividió nuestra episteme en opinión y ciencia. De esta manera, el sujeto pensante accederá a el nivel del conocimiento denominado como opinión a través de las sombras  y a la ciencia a través de los objectos del mundo real. Esta explicación, además, aparece relatada de una manera narrativa en la que el sujeto conocedor es prisionero en una caverna.

El sujeto que quiere saber acerca de la realidad – digamos, nosotros – es un prisionero dentro de una cueva. El prisionero está atado de pies y manos y, además, tiene el cuello firmemente sujeto contra la pared, de manera que no puede moverse ni ver más allá de lo que tiene en frente. Todo lo que su mirada llega a contemplar son unas figuras que pasean, se mueven y cuentan historias delante de él. Estas figuras conforman la realidad del prisionero que él mismo comparte con sus otros compañeros, igualmente presos. Esas figuras, sin embargo, lejos de ser reales, son meras sombras creadas por el fuego que alumbra la caverna a la espalda de los prisioneros. Algunos hombres se encargan de mover y de crear historias a través de los objectos para ofrecer una realidad a los prisioneros. Un día, por el contrario, uno de los prisioneros consigue soltar sus ataduras y, a través de la salida de la caverna, descubre no solo el fuego que creaba esas engañosas figuras, si no la salida a otra realidad, a la cienca o al mundo de las Formas. Allí, el sujeto encuentra una realidad tangible, clara, pura, precisa y perfecta y, después de disfrutar gracias al Sol que alumbra la realidad, baja de nuevo a la caverna a compartir la realidad con sus compañeros prisioneros.

De la misma manera que el prisionero, nosotros, seres humanos, contemplamos la realidad como algo dado por sentado pero, ¿qué ocurriría si aquello que nuestros sentidos nos ofrecen no fueran más que sombras sin ninguna relación las Formas que existirían detrás? ¿Qué tipo de conocimiento estaríamos recibiendo si, al mirar a nuestro alrededor, nada fuera lo que en realidad es? Es a través del Sol, metáfora que Platón utiliza para describir la sabiduría – o el Bien – que el sujeto conoce la verdadera realidad que se encuentra detrás de las sombras, detrás de la opinión que en un momento consideramos como realidad irrefutable. A través de la lu de ese Sol, el ser humano logra conocer ciencia y pensamiento, la verdadera realidad, las Formas que confieren sentido al mundo en el que vivimos.

La Alegoría de la Caverna de Platón es considerada por muchos – y yo me incluyo entre ellos – como pieza angular de una filosofía predominante en la metafísica que tiene como objetivo el cuestionamiento de las realidades y la confianza que depositamos en aquello que creemos percibir. Este cuestionamiento, acertado o no – lo que es tremendamente discutible – supone un paso más allá en nuestra propia teoría del conocimiento como seres humanos. Obliga al sujeto, al estudiante, a mirar más allá de sí mismo y de su experiencia para preguntarse si hay algo más de lo que simplemente se puede percibir y si, además, lo que percibimos puede considerarse real.

¿Quién iba a decirnos que una estrofa de una canción de la Oreja de Van Gogh – de la de Amaia, no de la de Leire 😉 – tendría tanto que decirnos sobre las preferencias epistemológicas y ontológicas de Platón?

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