¿Cómo ser un Filosofer profesional? Estudiar asignaturas de Filosofía

¡Bienvenido al viaje hacia ser un Filosofers profesional!

Sí, tú, al otro lado de la pantalla, te queremos en nuestro equipo, en el equipo Filosofers; un equipo a favor de la filosofía, de las mentes inquietas y de lo filosóficamente incorrecto. ¿Te vienes?

¿CÓMO ESTUDIAR ASIGNATURAS FILOSÓFICAS?

Vamos, no te hagas el remolón, Filosofer. Si estás aquí es porque te ha picado el gusanillo de la Filosofía, bien porque has decidido dejarte llevar por el escabroso camino de la lectura filosófica, bien porque eres uno de los selectos miembros de la Carrera Universitaria de Filosofía o bien porque te ha tocado – sí, te ha tocado, no vamos a hacer como si pudiéramos escoger la educación que queremos en España, porque eso no pasa… – apechugar e ingeniártelas para salir airoso de una asignatura filosófica. ¿Ya sentís la ansiedad de enfrentaros a puras ideas filosóficas para después vomitarlas en un examen – descripción gráfica perfectamente acertada, si no, que se lo digan a mis tres años de carrera?

Primero, vamos a aclarar uno de los puntos más importantes a la hora de enfrentarnos a un examen o a la hora de estudiar cualquier asignatura, filosófica o no; vamos, de una vez por todas, a desenmascarar uno de los mitos más tediosos de todo estudio:

TU MEMORIA ES MARAVILLOSA, DEJA DE EXPLOTARLA

Lo sé, lo sabéis, vuestros profesores os han dicho infinitas veces que no estudiéis de memoria y os lo han dicho porque son sabios y tienen razón. Sin embargo, ¿eres de esos que grita a los cuatro vientos que “con entenderlo” le vale? La memoria es maravillosa, es una de las mejores capacidades del ser humano más valiosa y, sobre todo, es una herramienta irremplazable para una correcta comprensión pedagógica. De la misma manera que al estudiar Física o Matemáticas tendrás que memorizar fórmulas y constantes; en Filosofía tendrás que memorizar conceptos base y estructuras argumentativas. ¿Las entiendes? Perfecto, pero tu memoria necesita saberlo. Por eso, como diría Aristóteles, lo mejor sería llegar a un punto medio: la memoria nos dará la seguridad que necesitamos para saber que nuestros conceptos y definiciones son casi perfectas – y digo casi porque si no San Agustín se me enfada con eso de que lo único perfecto es Dios… -, pero es indispensable comprender esas definiciones para poder aplicarlas en diferentes preguntas y conceptos. ¿Y cómo llegamos a ese medio aristotélico del que tanto se nos habla? ¡Ay, queridos Filosofers, pues como Aristóteles os repetiría hasta la saciedad, a través de la práctica!

Así que,

¡vamos!

Los filósofos tenemos que enfrentarnos a una diversidad indescriptible de asignaturas que tienen que ver con la columna vertebral de nuestro pensamiento – aunque luego vengan algunos y nos digan que no merece la pena tenernos en el sistema educativo… -. La Filosofía es tan versátil que puede verse desde puntos de vista antropológicos, biológicos, lingüísticos… De esta manera, y no necesariamente en la carrera de Filosofía, los Filosofers más comprometidos se encontraran con asignaturas como Filosofía de la Ciencia, Filosofía del Lenguaje, Filosofía Política o Antropología Filosófica – valga la redundancia… El Filosofers que lo pille que lo ponga en comentarios y que no se me enfade ningún antropólogo ;). Y, ¿qué pasa cuando nos encontramos ante tales asignaturas que nos lanzan a un mundo de infinitos conceptos transversales y atravesados? Pues, Filosofer, ponte el cinturón porque aquí es donde empieza la verdadera aventura…

 1) Vas a tener que hincar codos y, si puedes, vete comprando coderas. Pero, ¿va a ser para tanto? ¿Vas a tener que estudiar tanto para aprobar esta Filo-asignatura que tanto te preocupa? Si lo que te preocupa, Filosofers, es sacar un cinco raspadillo en la asignatura para poder quitártela de encima, puedes ir directamente a los últimos puntos de esta lista. Estudiar una asignatura para aprobarla es como comprar la pintura más cara y lujosa para pintar la puerta de vuestro garaje. La filosofía es para disfrutarla y, si no lo haces, puedes probar a acercarte a ella de otra manera, a través de la lectura, por ejemplo, como aquí os recomendábamos. ¡Lo que nosotros os proponemos es un viaje a través de la Filosofía en el que estudiar sea vuestro vehículo, no vuestra tortura! Y lo será, pero con calma.

2) Di “hola” a los libros y a los tochos interminables de apuntes y a la maravillosa sensación de poder navegar y bucear en textos indescriptibles – y, por cierto, vete ahorrando para imprimir. La Filosofía se lee, a través de la palabra escrita vas a descubrir aspectos de la Filosofía que no conocías, conexiones con la Ciencia, la Religión o el Lenguaje que no conocías y, lo mejor de todo, ¡te van a encantar! Pero, RECUERDA, no estás solo en tu batalla contra el libro, tu profesor te ayudará a caminar entre las páginas de tus interminables libros de texto para que todo sea más fácil y dinámico.

3) Lee y resume. Leer es una de las mejores maneras de entrar en contacto con la Filosofía, pero cuando llega el momento de estudiarla y de afincar ciertos conceptos en la mente, puede que leer no sea suficiente. Por eso, el primer paso para empaparse de Pura Filosofía es el de resumir los textos que se nos ofrecen además de resumir nuestros propios apuntes para lograr, a través de ellos, hacer referencia a conceptos, definiciones e ideas concretas, breves y concisas. ¡Resumir es vivir, Filosofers! Y aprender a resumir será una de vuestras mejores maneras de invertir el tiempo; es una inversión a futuro… Valor seguro 😉

4) Esquematiza tus ideas. Una vez hayas leído y resumido tus apuntes, puede que la mayoría de los conceptos ya estén en tu mente. Estudia, lo necesitas y, después de haber estudiado, pruébate a ti mismo tus dotes intelectuales e intenta esquematizar esas ideas que después de tanto estudiar han echado raíces en tu mente.

¡Y ya está!

¡Ya puedes salir a demostrar todo lo que sabes!

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Un comentario sobre “¿Cómo ser un Filosofer profesional? Estudiar asignaturas de Filosofía

  1. Javier Par dice:

    Lo sabía ¡… Hacía todo con el temor de atiborrarme; no podía evitarlo: todos los datos me eran indispensables. Me atormentaba que conocer más cosas era sólo vanidad. Pues claro ¡, todo en esta vida es vanidad ¡. En el camino de aprender a estudiar me encuentro con la gran verdad de la contextualización. El cerebro necesita más información, no menos. Este órgano maravilloso también “es un órgano de olvido”, y sin percatarnos, organiza y filtra lo que necesitamos en el devenir diario de nuestro filosofar cotidiano.

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