Escribir con Diéresis es la nueva moda Existencialista

“Vivir es sufrir. Sobrevivir es encontrar algo de significado en ese sufrimiento” decía Nietzsche

Como humanos, enfrentamos nuestra existencia en la peor de las situaciones. Nos colocamos en el mundo, somos conscientes de nuestra existencia como entes partícipes de un todo – aunque ese todo no sea más que la suma de sus partes, pero, por supuesto, nunca menos. La vida que cada ser humano quiere vivir es una vida significante, una vida edulcorada y, en muchas ocasiones denominada como plena, feliz, completa. ¿Qué ocurre, sin embargo, si completar la vida no es más que un sinsentido? ¿Qué sería nuestra vida si fuera un puzzle que, en realidad, no podemos – ni queremos – resolver?

El Ser Humano ha sido dividido, partido en dos, durante toda la Historia de la Filosofía: la Antigua Grecia consideraba al ser humano como un ser escondido entre sus pasiones y su razón. La manera artística  que los griegos utilizaban para representar el mundo era la de la dicotómica pareja de tragedia y comedia. De alguna manera, la estética griega supo reconocerla doble realidad que el Ser Humano podía llegar a vivir: los dos extremos y el infinito continuum en el que el Ser Humano oscila. La tragedia y la comedia representan las dos caras que representan a la persona, la felicidad y la tristeza en un equilibrio insaciable que demuestra, a partes iguales, que ambas partes del Ser Humano son necesarias y totalmente imprescindibles. La Antigüedad veía como la estabilidad del ser tenía que ser dad a través de la atención y de la correspondencia con esa doble realidad que podía encontrar en cada ser humano, un equilibrio entre las dos partes en las que una persona se podía reconocer. Esta visión de uno mismo tenía como característica general la aceptación: la aceptación de la tristeza, la ansiedad, el dolor… como parte del Ser Humano tan legítima y digna de enaltecer como la felicidad y la alegría. ¿En qué momento se olvidó la Historia de esa segunda parte del Ser Humano y decidió atribuir la plenitud a la felicidad?

 

[…] pues sólo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo.

Si caminamos un poco más a través de la Historia de la Filosofía, encontramos uno de los escalones más importantes que, además, en muchas ocasiones, es un escalón resbaladizo, proclive a hacernos resbalar o a hacernos cambiar de dirección: Sócrates y Platón. Socrates y Platón dieron significado a la palabra cambio: la revolución para la Filosofía Griega vino dada de mano de dos de los Filósofos más famosos de la Historia y no defraudaron en cuanto a la concepción de la felicidad del Ser Humano. Platón escribió numerosos diálogos preguntándose a sí mismo por los universales – por el Bien, la Belleza o el Saber. Entre estos universales, uno de los más importantes era la Felicidad. La Filosofía Platónica, especialmente influenciada por el punto de vista socrático, concibe la Felicidad como consecuencia del Saber: la Felicidad dota al Ser Humano de plenitud, de tranquilidad vital y dde sentido en su vida. El Ser Humano debe, de esta manera, buscar el Saber, porque sólo así será feliz. Es esta manera de unir los conceptos de Saber y Felicidad que hacen de la Filosofía Platónica un giro revolucionario en cuanto a la concepción de la Felicidad.

Es bien sabido, además, que la Historia de la Filosofía no se ha caracterizado por una crítica exacerbada a los conceptos presentados por Platón. Los filósofos de la Edad Media y del Renacimiento continuaron con la tendencia de privilegiar la felicidad sobre la tristeza y, por así decirlo, de la comedia sobre la tragedia. El Ser Humano, por mucho que quiera, sin embargo, no puede pasar del querer o deber ser al ser, el Ser Humano no es masilla de modelar dispuesta a ser transformada: el Ser Humano encontró una dificultad pasmosa en la búsqueda de esa felicidad: depresiones, ansiedad… muchos son los desordenes emocionales que la historia ha reconocido en aquellos que no eran capaces de encontrar una felicidad que parecía imperiosa, necesaria y, sin duda, generalizada – ¿quién admitiría que no es feliz o que no busca la felicidad?

Pero la Filosofía no es sólo Platón – y, menos mal. Friedrich Nietzsche, filósofo alemán, cortó la tendencia filosófica platónica y dejó entrever que la complejidad del Ser Humano iba más allá de la pura felicidad. Nietzsche desafió la imagen de un ser humano idílico y forzó la conceptualización del ser como un conjunto de sentimientos, alegres como amargos. Nietzsche utilizó el concepto que después derivaría en eje fundamental del pensamiento existencialista: la ambigüedad. El Ser Humano está construido sobre la ambigüedad de su propio ser, una ambigüedad que necesita del sufrimiento tanto como de la felicidad: no sólo porque el sufrimiento forme parte del ser, sino porque el Ser Humano debe aprender a abrazar ese sufrimiento y a encontrar en el mismo la razón por la que evitar ese sufrimiento sería un error. El Ser Humano, por lo tanto, se caracteriza por sus claros y oscuros y no sólo por esos caminos destinados a luces que en ocasiones debemos encontrar. Es así que Nietzsche carateriza a la persona como una lucha incesante entre las pasiones Dionisíacas y la razón Apolínea de cada uno.

[…] intuición de que el desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco: de modo similar a como la generación depende de la dualidad de los sexos, entre los cuales la lucha es constante y la reconciliación se efect˙a sólo periódicamente. Esos nombres se los tomamos en préstamo a los griegos, los cuales hacen perceptibles al hombre inteligente las profundas doctrinas secretas de su visión del arte, no, ciertamente, con conceptos, sino con las figuras incisivamente claras del mundo de sus dioses.

El Ser Humano deja de ser de héroes y de villanos.

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