El verdadero problema son los Profesores… ¿o no?

Hace unas semanas, nuestro Facebook ardío con la siguiente fotografía, un segmento del archiconocido libro de El Mundo de Sofía – imprescindible, maravilloso, bonito, conciso, respetuoso, abierto a la reflexión… lo tiene todo, deja a Coelho para otro momento y tírate a leer ese libro; me lo vas a agradecer. Este era el trocito del libro que encendío la polémica:

Y, es que… claro… Ya tenían que venir los filósofos a criticar; ya tenían que venir los filósofos a tirar por tierra el trabajo de otros profesionales de la educación como son los profesores… Claro; mira esos filósofos, ¡que no valoran lo que tienen! ¡¿Qué sería de esos filósofos sin unos profesores que les hubieran sentado las bases para un nuevo pensamiento y para una nueva manera de ver las cosas?! Pero, claro… Filósofos tenían que ser… Nada más lejos de la realidad: la Filosofía tiene una característica, uno de los rasgos de la Filosofía que más se destacan: la Filosofía retrata el amor por la sabiduría y, por lo tanto, el amor por el aprendizaje. El conociemiento y el saber han sido, desde el principio de la Historia de la Filosofía, objetivo primordial para sus filósofos. Sin embargo, no todos los filósofos tuvieron tan claro como Platón o Sócrates lo que para ellos significaba el saber. ¿Qué es es conocimiento? ¿Qué consideramos como saber? ¿Como sabiduría?

Una de las ideas más importantes e indispensables para cualquier persona que no sólo quiera ser filósofo, sino Filosofer, es la de tener en cuenta que nada es lo que parece y que, debajo de cualquier idea, concepto, frase, palabra o término, encontramos múltiples y diferentes influencias que pueden dar la vuelta a cualquier pensamiento que asociamos con una teoría o ideología. Debajo de cualquier tipo de idea podemos encontrar los deseos y vicios más oscuros del ser humano y, por descontado, nosotros no somos ajenos a esos vicios que nos persiguen y que nos recuerdan lo mortales que podemos llegar a ser. Hace tiempo que el Ser Humano no es uno mismo y aún queda preguntarnos si alguna vez llegó  a serlo, si alguna vez pudo ser considerado el ser humano como propiamente suyo y no alienado por las estructuras que lo rodean y que lo modelan – es decir, por un sistema ¿educativo?.

Cuando hablamos del ser humano, sin embargo, podemos hacer ciertas concesiones: podemos decir que el ser humano es un sujeto que busca culpables y que, al mirar a la sociedad intenta reconocer en ella al culpable de sus victorias, pero también de sus pérdidas; de la misma manera que el ser humano necesita un héroe para estructurar y equilibrar su visión del bien y del mal, intenta justificar su maldad con la visión de un villano, una persona que crea mal… pero, ¿es eso cierto en todas las circunstancias? ¿Siempre podemos encontrar a aquella persona malvada? Pero… ¿si antes hemos dicho que el ser humano lleva mucho tiempo sin serlo propiamente… ¿podemos decir que existe un Ser Humano Malvado? – Son muchas preguntas, lo sé… – Sin embargo, ahora quiero responder una en concreto y es la que plantea el trocito de El Mundo de Sofía que ha resultado tan polémico.

Y, ¿es que los profesores tienen la culpa? Claro: son ellos los que no enseñan, los que no quieren enseñar… ¿o eso nos quieren hacer creer? ¡Dejemos de buscar culpables! ¡Dejemos de apuntar con el dedo a personas específicas! ¡No es culpa de unos… sino de todos! Describir a los profesores de ser los responsables de un sistema educativo que no se adapta a las necesidades de una sociedad actual sería como apuntar a los peones de una partida de ajedrez por una mala jugada: es el jugador, el que controla las piezas, el que define el juego, no las piezas que están en el tablero. Entonces, ¿contra qué luchamos? ¿En que punto se encuentra el alumno – y, por supuesto, el profesor – al enfrentarse a un sistema de directrices impuestas, de matemáticas y de ciencias dominantes, cuando ese pensamiento dista temiblemente de lo que la sociedad busca?

La educación se comprende como una máquina bien engrasada para dotar el mundo de buenos productos, buenos y eficaces para los objetivos que una sociedad determinada les propone. “¿Qué sería de nosotros sin los profesores? ¿Quiénes somos nosotros sin una escuela que nos convirtió en lo que somos?” En contraste, hablamos de una educación donde el alumno debe ser el protagonista y no una imperante y dogmática lectura de lo que debe aprender aquel que va a la escuela. Los alumnos no son esponjas que absorben sin sentido; por el contrario, tenemos que despertar su sentido crítico.Tenemos que comprender que lo más importante al finalizar una clase son aquellos conceptos que hemos conseguido que en la cabeza del alumno tomen forma y sentido, los que van a acompañarlo durante su día.

Y, ¿podemos conseguir eso a través de la Filosofía?

El Blog Filosofers es un punto de reflexión y opinión,
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nunca es nuestra intención y si lo hemos hecho, cuéntanoslo. Te 
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y a que nos propongas otros puntos de vista. Ser Filosofer es tener 
sentido crítico y nosotras te invitamos a ello.

Un comentario sobre “El verdadero problema son los Profesores… ¿o no?

  1. Anónimo dice:

    Hay personas que están en los sistemas educativos que no quieren abrir los ojos porque eso exige esfuerzo; personas que no están dispuestas a pensar porque eso implica un riesgo.

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